Las almóndigas y el retorno a los ciento veinte

Enviado por ENAE, el 28/06/2011 - 02:00

Por Manuel Robles Miras. Analista de Sistemas y director del Curso Superior de Gestión de Pymes de ENAE, además de creador de TRAMA (Trade and Marketing online game).

Hace ya un tiempo, comiendo en un restaurante de estilo casero con dos amigos, uno de ellos dijo: Están buenas estas almóndigas. Haciendo apostolado del bien decir, le corregí: es albóndigas, no almóndigas.

Sin darle importancia alguna a mi corrección, me contesto: se llamen como se llamen, el caso es que están buenas. Sin embargo, un tipo que estaba en la mesa de al lado me soltó: perdona tío, pero también se puede decir almóndigas. Casi sin mirarle, dirigiéndome más a mis amigos que a él, le contesté algo así como: no quiero discutir; pero, cuando puedas, intenta encontrar eso de la almóndiga en el diccionario. Luego, mirando a mi ensalada, añadí: ¡Hay que ver las cosas que hay que oír! (Por cierto, después me enteré que hace más de dos siglos la Real Academia Española, debido a lo extendido de su uso, incorporó almóndiga al diccionario).

Tras un par de fracasos más como apóstol del bien decir, y, sobre todo, por la inseguridad que me generaron los cambios que hizo recientemente la RAE en lo ortográfico, lo del bien decir me superó y me pasé al apostolado del bien hacer con referencias claras e incuestionables, y aportando a esta noble causa la siguiente reflexión: Nadie debería de perder el tiempo actuando sin pensar. Les juro que me salió así, como de repente. Al margen de falsas modestias, tengo que reconocer que empecé fuerte.

No hace mucho, en la barra de un bar, y refiriéndose a la limitación de la velocidad a un máximo de ciento diez kilómetros por hora, oí decir a un par de individuos con pinta de comerciales desencantaos: Éstos no han tenido en cuenta el coste que lleva consigo tardar más en hacer los recorridos que llevan a los sitios. Por supuesto que no; y, además, con las repercusiones encadenadas que cada retraso individual puede tener. Así es; lo lento, aparte de caro, tiende a   multiplicarse... No pude contenerme: ¿Ustedes creen que, con la preparación y perspicacia que se ha de tener para llegar a ser decisor a un  nivel de gobierno  de Estado, no se habrán tenido en cuenta esas cosas tan básicas que ustedes dicen? ¡Hombre, por Dios! Se quedaron tan patidifusos que ni me contestaron. (Es que no hay nada mejor que utilizar referencias de peso).

Pero, es más: hace unos días (y también en un bar), mientras se veía por televisión a Rubalcaba dando la noticia de que se retornaba al límite de los ciento veinte y haciendo balance de los extraordinarios beneficios que había producido la limitación de los cientos diez, va uno y suelta: ¿Entonces,  por qué no se sigue con ella? ¡Hace falta ser corto para no entenderlo! ¿No cree usted?

Y una cosa más: antes de cuestionar a las autoridades (a nuestras referencias),  diciendo: eso no se debe hacer, o haber hecho, así; hay que tener en cuenta que posiblemente lo hayan hecho, o lo vayan hacer, asín o asina, que también figuran en el diccionario.