Mitos sobre la creatividad

Enviado por ENAE, el 28/09/2011 - 02:00
Mitos sobre la creatividad

Por Antonio Ángel Pérez Ballester. Socio-director en INFLUYE. Coaching&Desarrollo y Profesor de ENAE Business School
Desde pequeños hemos crecido escuchando que la creatividad es algo reservado a científicos, artistas, diseñadores o inventores. El DRAE, define al creativo o creativa, como: el que posee o estimula la capacidad de creatividad o invención; capaz de crear algo; profesional encargado de la concepción de una campaña publicitaria. Esta última acepción todavía reduce más el campo, asociándolo a una profesión, y concretamente (algo muy extendido) al campo de la publicidad. Se trata pues, de una minoría y el resto de los humanos, estamos invalidados para crear. Yo no soy creativo, equivale a decir, que soy una persona normal, discreta, trabajadora, incluso inteligente, pero, creativa… eso es otra cosa.
Este sería el primer mito. Reducirla a un don o talento natural con el que se nace y que si no lo tengo, estoy incapacitado. Efectivamente el talento tiene inicialmente un componente genético; desde nuestro nacimiento ya traemos una pequeña parte “de fábrica”, pero por sí sola no es suficiente. Requiere de aprendizajes y experiencias, así como de un espacio y de oportunidades donde poder expresarlo. Todo ello aderezado con una actitud motivadora, de pasión y de ansias de aprender y experimentar.
El segundo mito es afirmar que solo personas rebeldes, transgresoras, de fuerte personalidad, (“científicos locos”), libres y utópicas, son capaces de crear. Verdad a medias. Hace falta algo de lo anterior, pero una persona que solo posea las características anteriores, se convierte en alguien intratable, incluso agresivo que pone más el acento en destruir que en crear. Necesitamos también el control, la utilización del lado izquierdo del cerebro que atempere con la lógica, la racionalidad y el sentido común el estallido creativo. Primero la “locura”, pero a continuación, el sentido práctico (la innovación).
El tercer mito reside en la creencia por parte de las organizaciones, que dar entrada a la creatividad supone dar saltos en el vacío, romper con todo lo anterior, invertir el orden establecido e introducir una cierta forma de anarquía. Falso. El método o filosofía Kaizén de origen japonés y origen de la calidad total, comenzó a aplicarse en la industria automovilística nipona sin plantearse nunca que fuera una meta global y absoluta, sino que se centraron en pequeñas mejoras paulatinas; de la parte al todo. Pequeños cambios, grandes cambios.
El cuarto mito consiste en darle una importancia superlativa al factor inteligencia; sólo personas con un alto coeficiente intelectual son capaces de crear. Teoría tumbada por Gardner y sus inteligencias múltiples. Todos somos tontos o inteligentes, depende de la materia que tratemos. Así cada uno debe encontrar cuál es su inteligencia predominante: espacial, lingüística, interpersonal, natural, matemática, etc. Reducir la inteligencia a expedientes académicos o al ejercicio de profesiones consideradas de “alto contenido intelectual”, es un mito con el que hemos crecido las generaciones de nuestros padres y la nuestra, con toda la carga negativa y de complejos de tontitos y tontitas, por haber estudiado una FP, diplomatura o una carrera con menos aureola científica. Me recuerda una letra de Sabina que le pregunta a un camarero si alguna vez estuvo enamorado y contesta: no señor; yo siempre fui camarero.
La inteligencia es la capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas (DRAE).Proviene del latín interllegere, o elegir entre, y yendo más atrás en el significado: recoger entre. Inteligente es el que sabe escoger entre varias opciones para resolver una cuestión.
Citando a Franc Ponti, uno de los pioneros de la creatividad en España: Una persona es creativa cuando de forma deliberada o automática, descubre maneras nuevas de desarrollar una idea, resolver un problema o enfocar una situación.
La creatividad es un músculo que puede ejercerse. Necesitamos superar los inhibidores, elaborar estrategias y aplicar técnicas. Se encuentra al alcance de todos y no es patrimonio de especialistas ni de departamentos de innovación. Las organizaciones que no lo entiendan, seguirán estancadas en el corto plazo, la obsesión por la maximización del beneficio, y a hacer más de lo mismo. Pero esto merece abordarse en otra ocasión.