La izquierda y algunas reformas económicas

Enviado por ENAE, el 12/06/2011 - 02:00
Enrique Egea

Por Enrique Egea, Catedrático de Universidad. Director de los Programas MBA Full Time, y Executive MBA y de ENAE Business School.

En mi opinión hay cuestiones económicas que, como tales, tienen soluciones económicas, y me parece que algunos adoptan una posición dogmática, que suena fuera de lugar en los momentos actuales, cuando quieren denominar a dichas soluciones de izquierdas o derechas.

Algunas veces la izquierda muestra un inmovilismo excesivo y no admite más cambios que el que ella propugna. Consideran que tienen la patente de definir qué es progresista o progresivo (por ejemplo, cuando manifiestan “que bajar los impuestos es de izquierdas”). Se ha asistido durante muchísimas décadas a que sólo era de izquierdas subir los impuestos y que éstos fueran progresivos; pero, con el paso del tiempo y dada la realidad de las diversas situaciones económicas por las que atraviesa un país, se ha considerado dejar de lado que sólo es progresista subir impuestos y se ha comunicado que bajar impuestos también es de izquierdas. Un paso adelante; lo que no quiere decir, obviamente, que en cualquier situación lo conveniente sea bajar impuestos.

Productividad. Ahora los sindicatos tienen influenciados a algunos intelectuales de izquierdas, o algunos que se sitúan en la izquierda en el tema laboral, defendiendo posiciones dogmáticas sobre los contratos de trabajo, que visto desde una perspectiva liberal se considera que defienden posiciones que van contra los fundamentos del funcionamiento de la economía. Es ampliamente comentado por los economistas e instituciones económicas que recogen los diversos estudios y trabajos que se realizan sobre esta cuestión, que la productividad es un elemento clave en el desarrollo y progreso de los países y en los aumentos de la renta per cápita y, por lo tanto, del bienestar.

Es ampliamente admitido la importancia de la inversión en infraestructuras (como en educación, innovación e investigación), como uno de los medios de sentar las bases para incrementar la productividad de las empresas, y habrá de hacerse en este ámbito todo lo posible. También es ampliamente admitido la importancia de la dotación de capital por persona empleada como medio de incrementar la productividad de las empresas, así como la de la productividad total de los factores, en donde se incluyen, entre otros, el progreso tecnológico, la innovación y la gestión. Activar y potenciar ambos instrumentos al máximo es lo más conveniente para alcanzar la mayor competitividad de las empresas.

Ahora bien, cuando se llega a mencionar la conveniencia, cuando no la necesidad, de que las retribuciones salariales también deben tener en cuenta la productividad, aparecen dificultades que no parecen consecuentes con los fundamentos del funcionamiento de las empresas y, por ende, de la economía. Así aparece la izquierda más tradicional, que no está a favor de que la productividad se convierta también en un elemento clave a tener en consideración en la retribución de las personas que trabajan, y aducen variados argumentos carentes de fundamento económico. Ciertamente, los sindicatos y la izquierda más tradicional no parecen advertir la presión de la internacionalización o globalización de los mercados, que impacta en el funcionamiento de las empresas y de la economía de un país. No prestan la debida atención al déficit de la balanza por cuenta corriente de la economía española, que año tras año denota una falta de productividad y competitividad de nuestras empresas.

Paro. No es fácil encontrar los argumentos económicos adecuados para mantener que el mercado de trabajo funciona bien en España, cuando nuestra tasa de paro es cercana al 20%, por lo que dobla a la media de los países de la Unión Europea (27).

Ahora bien, los sindicatos ejercen influencia en algunos intelectuales de izquierda para defender y procurar mantener el “status quo” actual en el mercado de trabajo en España, porque consideran que es una defensa de los trabajadores que continúan empleados. Al parecer, lo importante para ellos no es el número total de empleados y los cinco millones de parados en la economía, sino el mantenimiento del trabajo de los que no han sido despedidos, sin tener en cuenta la extensión de la economía sumergida que produce un elevado paro.

Si eso se considera una posición social y de progreso, en mi opinión no lo es. Sinceramente, uno cree que lo mejor sería que en España solo existiera una tasa de paro del 10% y menos economía sumergida. Según muchas opiniones de economistas, fundamentadas en numerosos trabajos, es aconsejable que el contrato de trabajo experimente una reducción de las indemnizaciones por despido, modificaciones en la negociación colectiva, pasándolas a nivel de empresa cuando éstas lo requieran, y quitando la cláusula de continuidad del convenio existente una vez concluido el ejercicio para el que fue aprobado.

Asimismo se considera conveniente gastar más en políticas activas de empleo que en pasivas de desempleo. Es cierto que estas modificaciones no crean puestos de trabajo por sí mismas, pero esta mayor flexibilidad en el mercado de trabajo sienta las bases para que las empresas puedan incrementar el empleo, no tanto a corto plazo como a medio plazo, de forma importante.

La política sindical de “mantenella y no enmendalla”, a la que no se atreven a oponerse muchas de las personas que se sitúan en la izquierda, supone una posición que retrasa la salida de la crisis y dificulta la reducción del elevado paro.