No creo en la suerte

Enviado por ENAE, el 25/09/2012 - 02:00

por Benito Rivero Villamarín, Iberia HR Sales Director en PepsiCo y colaborador de ENAE Business School. Rivero Villamarín nos invita a reflexionar sobre la importancia de tener una actitud positiva. Para conseguirla, propone incidir sobre tres premisas cruciales, desgranadas en este artículo con ejemplos al hilo.  

 

“El ser humano siembra un pensamiento y recoge una acción. Siembra una acción y recoge un hábito. Siembra un hábito y recoge un carácter. Siembra un carácter y recoge un destino”.

Paramahansa Yogananda

 

Puede que no estés de acuerdo con este título tan taxativo pero cuanto más investigo sobre las claves del éxito, más fortalecida surge la idea de que tenerlo no depende de la suerte. En ese caso, ¿qué se necesita para tener éxito?

 

Dos requisitos destacan en mis estudios sobre este tema: el primero es estar preparado, lo que supone tener conocimientos en el campo profesional en que se opera y desarrollar una actitud mental positiva. El segundo es que surja la oportunidad. De ambos, el que está bajo nuestro control es el “estar preparado”, tanto técnica como mentalmente.

 

En este artículo vamos a ocuparnos de descifrar los elementos requeridos para desarrollar una actitud mental positiva, ya que el componente técnico es específico de cada campo profesional, y ese asunto te lo dejo a ti.

 

Para el desarrollo de una actitud mental de éxito se requiere tener claro el papel que juegan tres elementos: el pensamiento, las imágenes y las palabras. Teniendo el control de los tres, el éxito está más cercano. Las personas atraen todo aquello en lo que se enfocan.

 

Lo que ocurre a nuestro alrededor es un reflejo de lo que pensamos, ya que generamos en nuestra mente las circunstancias que nos acompañan. Si pensamos positivamente, obtendremos resultados acordes con esta forma de pensar y, por lo tanto, el éxito estará a nuestro alcance. Ahora bien, si pensamos negativamente, será el fracaso el que estará más cerca de nosotros.

 

Las personas optimistas crean en su mente un mundo lleno de oportunidades, mientras que los pesimistas ven amenazas por todas partes. Como decía Winston Churchill: “Un optimista ve una oportunidad en una calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Los pensamientos se convierten en comportamientos, y cuando estos se repiten constantemente surgen los hábitos. Estos patrones de conducta se alojan en el subconsciente, lugar que controla el 80% de nuestra mente. Cuidar los hábitos es una premisa para dirigir adecuadamente nuestro comportamiento.

 

Un pensamiento supone una décima de voltio de electricidad, pero esta reducida cantidad tiene un gran impacto e influencia en la creación de nuestro estado de ánimo y en las relaciones con los demás. Sólo actuamos según lo que mantengamos en nuestro pensamiento. Para triunfar hemos de programar inicialmente nuestra mente, porque a cualquier acción la precede un pensamiento.

 

En una ocasión me contaron un relato que refleja la importancia que tiene en nuestra vida aquello en lo que pensamos. Es el siguiente:

 

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El vendedor de una de las empresas observó que todo el mundo iba descalzo y consideró que no valía la pena hacer ningún esfuerzo en un lugar donde nadie usaba calzado, puesto que sería imposible hacerles cambiar sus costumbres. Ese mismo día mandó un telegrama en el que decía: “No hay posibilidades de ventas. STOP. Nadie usa calzado. STOP. Me vuelvo mañana. STOP”.

 

 Sin embargo, el otro vendedor, tras cerciorarse de que todos los habitantes estaban descalzos, pensó que era una gran oportunidad de negocio. Inmediatamente corrió al telégrafo y envió el siguiente texto: “Excelentes oportunidades de negocio. STOP. Todo el mundo va descalzo. STOP. No hay competencia. STOP”>>.

Ya ves que hay personas que ven obstáculos donde otras ven oportunidades. Las personas de éxito pertenecen al grupo de las que ven oportunidades. Mientras unos ven el vaso medio vacío, otros lo ven medio lleno. Ese hecho está marcado por la actitud frente a los acontecimientos que nos brinda la vida.

 

Ahora bien, un segundo elemento aparece en el escenario de la conquista del éxito: nos referimos a las imágenes que dibujas en tu mente. Nuestro pensamiento reconoce en primer lugar las imágenes, frente a las palabras, siendo aquellas las que grabamos en nuestra mente para atraer lo que representan.

 

Además, el cerebro dibuja imágenes en la mente, con independencia de que tengan sentido. El doctor en Psicofisiología de la Universidad de Stanford, Stephen LaBerge, demostró que cuando tenemos una imagen en nuestra mente el cerebro no es capaz de diferenciar si la experiencia es real o ficticia. Por ejemplo, si pensamos en un elefante rojo, de inmediato estas palabras se convertirán en una imagen. Esto significa que si piensas en algo con imágenes que lo describan bien, tu cerebro no podrá distinguir entre la realidad y la ficción. Prueba y verás.

 

Todo esto nos lleva a que hemos de visualizar los logros, ya que esas imágenes quedarán grabadas en nuestra mente, que las identificará como algo normal, por lo que todas nuestras acciones irán dirigidas a la consecución de las mismas.

 

Ya veo que piensas que esto puede parecer esoterismo o algo por el estilo pero ¿qué tal si te dijera que está comprobado científicamente mediante experimentos realizados con personas?

 

En 1995 se publicó una investigación en el Boletín de Neurofisiología, que consistía en comprobar las reacciones que se producían en el cerebro tras practicar con un piano por parte de cuatro grupos de personas durante cinco días. Al primer grupo se le dijo que tenía que practicar físicamente durante cinco días, dos horas, una secuencia específica a una mano y con los cinco dedos. El segundo grupo tenía que tocar durante el mismo tiempo pero sin seguir una secuencia específica de notas. El tercer grupo sólo tenía que observar al primer grupo, sin tocar el piano, sólo memorizando y repasando con su imaginación los ejercicios como si estuvieran tocándolo. El cuarto grupo no hizo nada en absoluto.

 

Pasados los cinco días, los investigadores, mediante dispositivos que detectaban cambios en el cerebro, descubrieron que el grupo que practicó físicamente con el piano tenía los mismos cambios en el cerebro que el tercer grupo, es decir, aquel que se dedicó a memorizar y repasar mentalmente las secuencias.

 

Y por último, el tercer elemento en liza, es el poder de las palabras, ya que estas programan nuestra mente y construyen nuestra actitud. ¿Sabías que hablamos con nosotros mismos una media de catorce horas al día y que más del 80% de lo que nos decimos es negativo y pesimista?

 

Sé que es difícil evitarlo, pero ¿qué tal si empiezas por eliminar el uso de palabras devaluadoras y negativas? Son aquellas que nos generan sentimientos de inferioridad como, por ejemplo: “¡Soy estúpido!”, “¡Esto no funciona!”, “¡No valgo para esto!”, “¡Me extraña que triunfe, soy muy torpe!”, “¡Así es la vida!”...

 

Cambiemos este tipo de expresiones por otras positivas que construyen en tu mente los resultados que quieres conseguir; como muestra tenemos: “¡Soy persistente!”, “¡El que la sigue la consigue!”, “¡Es una gran oportunidad!”, “¡Yo puedo con ello!”, “¡Esto es lo mío!”, “¡Voy a conseguirlo!”…

 

Las palabras determinan el destino. Todo lo que oímos, tanto de nosotros como de los demás, produce un efecto inmediato en nuestro modo de pensar y en nuestros resultados. Por ello, cuidemos las palabras que utilizamos y para que veas el impacto que esto tiene, déjame que te cuente la siguiente fábula:

 

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Cuando iban por el bosque, dos de ellas cayeron en un hoyo muy profundo. Las demás se colocaron alrededor del hoyo, observando a las dos desafortunadas compañeras. En ese momento, todas les dijeron que se dieran por muertas. Sin embargo, las dos ranas ignoraron a sus compañeras e intentaron saltar para salir del agujero. Tras muchos intentos sin lograr su bjetivo, el grupo de ranas les gritaban que abandonaran. Al final, una de las ranas se dio por vencida, cayendo al suelo, y muriendo al poco tiempo. Mientras, la otra rana continuaba saltando. Una vez más el grupo de ranas le gritaba que dejara de intentar un salto que era imposible, pero la rana saltaba cada vez más alto, y al final logró salir.

 

Cuando salió, todas las demás se dieron cuenta de que era sorda>>. Por cierto, la ranita agradeció los ánimos que estas le habían profesado mientras permanecía en el hoyo.

 

Permíteme que finalice con una recomendación: no dejes en manos de las circunstancias y de los demás tu potencial de desarrollo. ¡Sólo tú eres el amo de tu destino, no la suerte!