Y el optimismo, con fundamentos, que no falte...

Enviado por Gloria Montes Gaytón, el 24/01/2011 - 01:00
Gloria Montes

Por Gloria Montes Gaytón. Profesora y directora del Máster en Dirección Financiera de ENAE Business School.

Según el dicho popular “la preocupación no es una enfermedad, sino un signo de buena salud”. La preocupación es la señal para reaccionar; por el contrario, quedarse atascado es lo peor que puede ocurrir, pasa por asumir la situación y deja el encefalograma plano.

La preocupación, si sirve para agudizar el ingenio, bienvenida sea. Todo el mundo piensa que el optimismo es una característica atractiva, los optimistas son personas agradables, de buena compañía, todo lo contrario de los pesimistas o, comúnmente conocidos como “aguafiestas”.

A pesar de que la sensación de esperanza y buenas expectativas causa un estado de beneplácito entre las personas, hay que ser muy cautelosos respecto al papel que juega el optimismo en la vida de la empresa. El optimismo significa esperar lo mejor; pero cuando la marea sube y el agua amenaza con superar los niveles del cuello…, la inteligencia indica cómo manejar lo peor.

Nunca mantenga un negocio simplemente porque se siente optimista, si bien esta actitud es importante, el rigor manda contrastarlo. Antes de tomar decisiones transcendentes, tenga en cuenta las reflexiones siguientes:

  1.  Analice cómo es la salud de su empresa El hecho de que existan problemas, no quiere decir que todos los organismos estén en estado patológico. Al igual que una persona física, cuando no se encuentra bien, recurre al médico; las empresas, entes vivos, deben de acudir al especialista, con el fin de que proceda al diagnóstico exhaustivo. De este análisis se desprende si los problemas que padece son de tipo económico o financiero. Como en todo diagnóstico, una vez concluido, se produce la propuesta de medidas encaminadas a resolver los problemas.
  2.  Propuesta de mejora Siga el plan propuesto haciendo un especial énfasis en las variables originadoras de los problemas: la liquidez, en los estados de crisis financiera, y la rentabilidad, en los casos de dificultades económicas.
  3. Revisión periódica Es conveniente volver a hacer el diagnóstico a los tres meses, como máximo, una vez iniciado el tratamiento. Al término, el analista comprobará qué variables presentan mayor resistencia a las terapias planteadas. No siempre las primeras medidas producen los efectos deseados; por lo que, a juicio del especialista, podría proponer un plan alternativo validable en los meses siguientes.
  4. Toma de decisiones Como en el caso de la medicina humana, cuando la crisis se detecta a tiempo, las probabilidades de cura son muy altas; por el contrario, dolencias abandonadas, se convierten en verdaderos problemas, porque ni la medicina más agresiva es capaz de resolverlos.

Agotadas las vías que ofrece la medicina, si el estado económico-financiero persiste y presenta signos de irreversibilidad, no insista en mantener el barco, porque los esfuerzos y riesgos son mayores que los potenciales resultados.

Aparque el optimismo y resérvelo para otros proyectos. Aprenda la lección y como decía Akio Morita, fundador de Sony, “No tema equivocarse, pero no cometa el mismo error dos veces”.