El talento. ¿Regalo o disciplina?

Enviado por ENAE, el 23/09/2011 - 02:00
El talento. ¿Regalo o disciplina?

por Antonio Ángel Pérez Ballester, profesor de los programas Máster en Dirección de Personal y Recursos HumanosMBA Full Time en Dirección de Empresas y Curso de Experto en Logística de ENAE Business School, y socio-director de INFLUYE, Desarrollo&Coaching

 

 

Las organizaciones se afanan en reclutarlo, retenerlo (suena a secuestro) y también en gestionarlo. Se le menciona como un bien escaso, deseado por todos, como un talismán intangible que proporcionará el éxito a quien lo posea. Pero poco o nada se habla de cómo identificarlo y sobre todo, en qué consiste.

Para unos el talento es algo biológico, que se transmite en los genes: " Lo que no te dé la naturaleza, no se puede aprender" afirmaba Oscar Wilde. Y más recientemente, Malcolm Gladwell, periodista de The Washington Post y que también ha investigado sobre el tema en su libro Fueras de serie, se pregunta: ¿Existe de forma innata? La respuesta obvia es que sí.

Para otros, que el trabajo duro, y la disciplina lo es todo. "No hay ningún tipo de célula que posean los genios y no tengamos el resto; la diferencia es trabajar más que los demás", sostiene Ericsson quien, junto con dos colegas de la Academia de Música de Berlín, realizó a principios de los años noventa un estudio de referencia: La regla de las 10.000 horas.

Dividieron a los violinistas de la Academia en tres grupos. En el primero estaban los estudiantes con un mayor potencial. En el segundo, aquellos juzgados simplemente como buenos. En el tercero, los estudiantes que tenían pocas probabilidades de llegar a tocar profesionalmente en público. A todos les preguntaron: ¿en el curso de toda su carrera, cuántas horas ha practicado en total?

De los cinco a los ocho años la dedicación era similar: de una a tres por semana. Las diferencias surgían a partir de los ocho años. Los estudiantes que terminaban como los mejores de su clase empezaban por practicar más que todos los demás, y a los veinte practicaban por encima de las 30 horas semanales, acumulando más de 10.000 horas de práctica frente a los 8.000 de los buenos y 4.000 de los regulares.

El trabajo parece incontestable, pero, ¿quién y cómo, determinó de antemano, que esos alumnos era de clase A, B o C? El profesor que trabajaba con una niña de 6 años y se atrevió a decir que esa niña tenía talento y que su vida sería la música, ¿cómo lo averiguó? No nos lo cuentan.

Vargas Llosa es de los que piensa que el talento se conquista con disciplina y tesón; que él no lo tenía, pero que se lo podía provocar a base de trabajo.

Curiosa e insostenible humildad, cuando un joven Mario a la edad de 27 años ya escribió una de sus obras maestras La ciudad y los perros, donde nos narra su vida de estudiante en el un colegio militar. Otra cosa es que el premio Nobel, sea un abnegado trabajador de la escritura y dedique todo su tiempo a escribir (con lo que aumentan las posibilidades de hacerlo muy bien), pero hay muchos que hacen lo mismo y son incapaces de provocar emoción, contar una buena historia o innovar en la escritura.

¿Qué ocurre? Que: "los que están en la cumbre trabajan mucho, mucho más que todos los demás" (Gladwell, otra vez) ¿Por qué? Porque están motivados, porque les ilusiona, no dependen de ninguna motivación externa, positiva o negativa. Y por mi parte añadiría algo más: porque saben que son buenos, especialmente buenos, en esa destreza o habilidad.

Nadal es un gran tenista, y lo sabe. Trabaja muy duro y entrena con gran tesón, pero tiene talento. Su entrenador reconoce que en la élite existen diez o doce tenistas todos, a la misma altura, ¿qué hace que triunfe uno sobre los otros? El poder mental, la motivación, el espacio en el que han desarrollado y desarrollan su habilidad.

Puedo estar motivado para tocar la trompeta, y por pura tenacidad aprender a hacerlo…pero no destacar, no emocionar a quien me escuche, como sostiene el director de orquesta, Benjamin Zander en su estupendo vídeo Con los ojos brillantes (podéis verlo en éste enlace).

La disciplina y constancia si no van acompañadas de emoción y de ilusión,  solo generan resultados por repetición, ejerciendo incluso cierta violencia sobre uno mismo (la letra con sangre entra), y en ese camino se sufre y no se disfruta. Y el talento es disfrute.

Y lo que es más importante, uno puede tener éxito, ganar mucho dinero y el reconocimiento de la sociedad, y no disfrutar, abandonando esta vida sin haber aplicado nunca, su mejor capacidad: su talento.