¿SIRVO O NO SIRVO? LAS CLAVES DEL TALENTO

Enviado por ENAE, el 14/01/2021 - 05:12

 

Importancia del talento

Las innovaciones tecnológicas no son suficientes en los organigramas de las empresas. El éxito es complejo y volátil, por lo que el liderazgo y el talento son fundamentales para gestionar cambios o mantener estructuras en el ecosistema productivo en función de la evolución económica, la industria y el modelo de negocio.

Existe la suerte, pero encomendarse a ella es arriesgado e imprudente. Los procesos para generar valor deben tener como pilares la tenacidad y la insistencia, que serán más fuertes cuanto mayores sean las capacidades e inteligencia. Ahí surge el talento, que debe ser aprovechado cuando es innato –esté o no descubierto- y potenciado mediante la formación si la habilidad permanecía oculta.

Se atribuye a Sócrates el aforismo “Conócete a ti mismo”. Y, si bien también se le ha atribuido a Heráclito, a Tales de Mileto e incluso a Pitágoras, lo cierto es que los griegos ya eran conscientes de que el autodescubrimiento y el desarrollo personal, al igual que la confianza en uno mismo, eran la base para desarrollar cada cual su habilidad.

Las primeras habilidades se descubren en la infancia y son las experiencias pasadas las que hablan de nosotros y determinan nuestras capacidades –en lo bueno y en lo malo-. No obstante, los talentos aún pueden descubrirse en actividades que aún no se han realizado, por lo que es preciso huir de las creencias limitantes. En caso contrario tendremos una percepción muy limitada de nosotros mismos y estará distorsionada por nuestra experiencia subjetiva.

 

Tipos de talento

El talento, por tanto, se clasifica en:

  • Talento Evidente
  • Talento Oculto
  • Talento Potencial

En cualquiera de sus estados ha de ser cada profesional quien debe encontrar su propio espacio y el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales.

 

 

¿Cuál es mi talento?

Vuelvo al aforismo griego para guiar el descubrimiento del talento. Lo primero es reconocer dotes naturales, aquello en lo que es bueno como profesional haciendo al mismo tiempo una labor de introspección personal para analizar temperamentos y rasgos propios. Además de las dotes para el desarrollo de una actividad profesional, cada uno debe analizar qué le apasiona realmente.

La pasión es el motor para desarrollar el talento. Hágase una pregunta: ¿Qué haría incluso gratuitamente por el simple placer de hacerlo? Y la tercera premisa es la experiencia. Un talento no desarrollado permanecerá siempre oculto, por lo que sus capacidades serán improductivas.

Estas tres propuestas son fundamentales para guiar el descubrimiento del talento, pero hay otras que permitirán profundizar en nuestra búsqueda natural:

  • Abrir la mente. Un exceso de autocrítica va a limitar nuestras creencias. Quizá se nos formó inicialmente para ejercer una sola actividad y nadie fue capaz –tampoco nosotros- de mostrarnos otros caminos en los que desarrollarnos y ejercer una actividad.
  • Echemos la vista atrás. ¿De qué nos sentimos orgullosos? Posiblemente en el pasado hiciéramos algo a lo que no le dimos especial importancia porque no nos requirió demasiado esfuerzo. ¿Cuál fue el resultado? O bien fue todo un desafío del que salimos airosos. Probablemente disfrutamos con ello, pero nunca lo aceptamos como un interés que mereciera la pena explorar y en ese punto perdimos una oportunidad para descubrir un talento no desarrollado.
  • ¿Nos reconocemos buenos en algo? En ocasiones el talento no es algo que nos gusta hacer y por tanto lo descartamos. Sin embargo ahí podemos encontrar una habilidad oculta. Cuántas veces nos reconocemos corrigiendo a los demás sin valorar que quizá sí tengamos ingenio para esa actividad. E incluso ayudando a los demás hemos podido finalizar con éxito una tarea que a priori no conocíamos. No descartemos que posiblemente para esa labor una habilidad oculta.
  • ¿Qué piensan los demás de nosotros? En muchas ocasiones nuestra perspectiva es muy corta para reflexionar con detenimiento. Una buena solución es recurrir a los demás para preguntarles qué fortalezas ven en nosotros. Pero no pregunte solo a los más cercanos, pues es posible que la imagen que tengan sea únicamente la que les hemos ofrecido; pregunte también a otros que nos conozcan menos. De todos ellos podrá obtener conclusiones que le ayudarán a reconocer habilidades o a descubrir otras en las que ni siquiera habíamos pensado.

La formación

Toda habilidad que tengamos requerirá de una formación adecuada para desarrollarla con garantías de éxito, y la formación debe ser continua para adaptarnos a los nuevos entornos y desterrar viejas rutinas que pueden anquilosar nuestro desarrollo profesional.

La formación es la mejor inversión que podemos hacer en nuestra vida, más aún cuando para alcanzar la excelencia se precisan nuevas herramientas en forma de conocimientos. En este apartado en ENAE Business School conocemos bien de lo que hablamos tras una experiencia acumulada de más de 30 años formando a los mejores profesionales.